El Caso de Kesha

De por qué el caso de Kesha va más allá que la misma Kesha

Lena Dunham al no aceptar la culpa y el miedo como estatus quo.

Por Lena Dunham, Febrero 24, 2016

Cuando vi “el resultado del juicio de Kesha el viernes pasado”, me sentí enferma. En realidad enferma – quería pedirle a mi Uber que estacionara para que pudiera vomitar en un bote de basura en la ciudad de Nueva York. Las fotos de su hermoso rostro ahogado en lágrimas, el uso legal pero necesario, y repugnante de la palabra “supuesto” una y otra vez en referencia a la violación que ella dice recuerda tan vívidamente – todo eso creó una marca especial de náusea que arremete cuando en eventos públicos se cruzan con tu vida más privada. La última vez que experimenté esto fue cuando la Rolling Stone estropeo la narrativa de “un asalto en el campus” y como resultado dejó a millones de mujeres expuestas a la duda. Lloré en un mini centro comercial en Bruselas, imaginando a todas las niñas en edad universitaria que de repente cambiaron su opinión acerca de denunciar en contra de sus violadores.

Si no has estado siguiendo el caso: en el último año y medio, Kesha ha estado tratando de salir de un contrato con su antiguo colaborador y productor Lukasz Gottwald, conocido profesionalmente como Dr. Luke (no un médico profesional). Ella ha sido encadenada por un contrato a diez años, con la compañía de Gottwald Kemosabe, una subsidiaria de Sony que controla tanto sus grabaciones y publicaciones – toda su vida como artista y empresaria. Por lo que ahí está la razón por la que quiere salirse: Kesha dice que durante diez años Gottwald la drogó, violó, y emocionalmente abusó de ella, además de controlar su creatividad y emociones a través de amenazas y manipulaciones. Ella explicó que sus tratos con Gottwald en última instancia, exacerbaron un trastorno alimenticio que amenaza con su vida, el cual requiere rehabilitación. Ella concluyó que de seguir trabajando con Gottwald podría matarla, por lo que ella se adelantó y se puso a salvo a sí misma.

Ahora Kesha ha solicitado una orden judicial inmediata que le permitiría comenzar a grabar sin el Dr. Lucas. Lo cual creo esto parece una petición bastante razonable. Mientras que las acusaciones de asalto sexual y abuso emocional no pueden ser probadas definitivamente, creo que las palabras de Kesha hablan por sí mismas: “Yo sé que no puedo trabajar con el Dr. Lucas. Yo físicamente no puedo. No me siento segura de ninguna manera…”

Sony podría hacer que esto desaparezca. Pero en ese lugar la empresa ha optado por participar en una prolongada batalla legal para proteger la participación de Gottwald en vez del futuro de Kesha. Aunque la compañía insiste en que Kesha y Gottwald no necesitan estar en una oficina juntos y que él le permitirá grabar sin su directa participación, ellos están minimizando lo que Kesha dice respecto a cómo Gottwald continurá participando en su carrera afectando su bienestar físico, emocional y a su seguridad psicológica.

Así que permítanme explicárselos. Imagínate que alguien realmente te lastime, física y emocionalmente. Te asusta, abusa, y amenaza a tu familia. El juez dice que no tienes que volver a verle, pero todavía es dueño de tu casa. Así que puede decidir cuándo apagar y encender la calefacción, pagar la factura de teléfono o arreglar el techo cuando haya filtraciones. Después de todo lo que has pasado, ¿te sentirías segura viviendo en esa casa? ¿Tú confiarías en esa persona para que te proteja?

Esa explicación es realmente para la juez, Shirley Korneich, que cuestionó – si ellos pudieran estar físicamente separados como Sony ha prometido – Kesha no podría seguir trabajando para Gottwald. Después de todo, ella dijo, no es apropiado “diezmar un contrato que se negoció a gran escala.”Adivina qué más está fuertemente negociado? El contrato humano que dice que no nos haremos daño el uno al otro física y emocionalmente. De hecho, es tan obvio que por lo general no lo añadimos a nuestros documentos corporativos.

Para ser claros, el caso de Kesha es más que una simple estrella pop luchando por su libertad o por una inversión de 60 millones de dólares en una carrera brillante. Va más allá de que Kesha pueda usar una correa con sus leotardos y hacer otro álbum, libre de un hombre que dice que la aterroriza. Es incluso algo más que la misoginia sistémica de la industria del entretenimiento, o la forma en que las mujeres en la música y el cine siempre han sido controladas y coaccionadas por una persona abusiva y entidades más grandes que ellas mismas. (Piensen: el sistema de los estudios de los años 40 y los años 50, cuando estrellas eran esencialmente tratadas como muebles. Piensen Ike y Tina Turner) Lo que le está pasando a Kesha pone de relieve la forma en que el sistema legal estadounidense continúa afectando a las mujeres al no protegerlas de los hombres que estas identifican como sus agresores.

Por ejemplo: “19 estados de los Estados Unidos todavía permiten que los violadores” puedan valerse de los derechos de los padres sobre los hijos, aun siendo concebidos por violación, encadenando a las mujeres (y a sus hijos) con sus atacantes para toda la vida, en un ciclo inimaginable de victimización. Pero es real. El mismo hombre que te agredió violentamente podría tener el derecho a abrazar al bebé que resultó de esa violación.

Una gran parte del argumento de Kesha se basa en la afirmación de su abogado en que Gottwald, pudiendo estar enfurecido por las acusaciones de asalto sexual de Kesha, podría forzar para enterrar sus futuros álbumes, impidiéndole publicarlos y hasta el no beneficiarse económicamente de su trabajo. Este tipo de control es una piedra angular de la violencia doméstica, y es muy común: según la Red Nacional para Terminar con la Violencia Doméstica, el abuso económico en un “aspecto comprende aproximadamente el 98 por ciento de las relaciones abusivas. Cuando una mujer no está en control de su destino financiero, ya sea porque su pareja es el principal proveedor o porque él es el que toma las decisiones financieras de toda la familia, su mundo se hace minúsculo. Sus recursos se evaporan. El miedo la domina.

Esa no es la única manera en que los vínculos legales puedan hacer que sea imposible para una mujer escapar de su agresor. Una persona a la que quiero mucho se ha visto envuelta en una batalla de años de duración que le permitan a ella y su hija pequeña moverse cerca de su exitoso negocio (y lejos de su abusador). Si él no puede controlarla directamente, el tratará de asegurarse de que sus opciones sean realmente las de él. En algunos casos, “las víctimas de la violencia doméstica”, incluso pueden ser desalojadas de sus hogares por llamar a la policía en caso que están siendo abusadas por sus abusadores. Sí, hay leyes que permiten a los propietarios desalojar a los inquilinos, en caso de que estos llamen a los policías por algún disturbio de cualquier tipo- No importa quién fue el que provoco el “alboroto” – y esto afecta a las mujeres pobres con mayor frecuencia. Es por eso que el “20 por ciento de las mujeres sin hogar” dicen que están en las calles debido a la violencia doméstica.

¿Lo que le está pasando a Kesha pone de relieve la forma en que el sistema legal estadounidense continúa afectando a las mujeres al no protegerlas de los hombres que estas identifican como sus agresores.

Estas mujeres merecen algo mejor. Ellas no eligen poner sus reputaciones al ridículo ni que sus personalidades sean cuestionadas como una táctica para conseguir lo que quieren. ¿Y que si nos damos cuenta, las mujeres que declaran y continúan la lucha tienen todas las de perder, ya sean estrellas del pop o madres solteras?

El hecho es, Kesha no tendrá nunca una declaración médica. Ella nunca tendrá una cinta de vídeo que nos muestre que Gottwald la amenazó y la avergonzó, y ella nunca será capaz de demostrar, más allá del poder de su testimonio, que no está segura haciendo negocios con este hombre. Y no, nada de eso estaba en su contrato. Pero, ¿qué hombre, y qué empresa se esfuerza por mantener a una mujer amarrada a alguien quien ella dice le ha causado años de trauma, vergüenza y miedo? Haber emprendido ésta lucha pública y con el sistema legal, ya ha cambiado el curso de su carrera para siempre. La falta de perspectiva por parte de Sony – la incapacidad de mirar el valor de discos de platino antes que a mantener el valor de su alma de mujer intacta – es horrible.

La protesta pública sobre el caso de Kesha ha sido realmente alentadora: el oleaje de conmoción e indignación de los aficionados y compañeros de trabajo por igual. No fue hasta hace poco tiempo que las mujeres en la palestra pública tenían el coraje suficiente como para apoyarse las unas a las otras, por temor a perder todo lo que habían trabajado tan duramente. En su lugar, en silencio observaban en sus televisores, esperando que no fueran ellas las siguientes.

Esos días han terminado.

Afortunadamente han terminado.

Ya no estamos asustadas de perder lo que hemos trabajado, o de ser catalogadas como histéricas o difíciles, ser blanco de los hombres en posiciones de poder o silenciadas. Las mujeres en la industria de la música que están alzando la voz por Kesha son la prueba. Y sus palabras van a resonar e inspirar a las mujeres jóvenes que les observan en busca de algunas pistas de lo que es hablar sobre el bien en la vida. Muy pronto nadie aceptara la vergüenza y el miedo como estatus quo. Y por tanto, mientras Kesha está definitivamente silenciada, su voz nunca ha sido más fuerte.

Traducido al español por Pamela Angeles, Febrero 25, 2016.

Me he sentido indignada sobre el caso de Kesha al leer un artículo en inglés, el cual he traducido. Lo que más me indignó en todo el artículo fue leer en una de sus fuentes que 19 estados de los Estados Unidos le dan derechos a los hombres sobre los hijos de las mujeres que ellos han violado. Horrible.

https://apps.rainn.org/policy-state-laws-db/landing-page-parental-rights/export.cfm

Bibliografía

Dunham, L. (24 de Febrero de 2016). Marie Claire. Recuperado el 25 de Febrero de 2016, de http://www.marieclaire.com: http://www.marieclaire.com/culture/a18865/kesha-lenny-letter-essay/?click=my6sense

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